domingo, 10 de febrero de 2008

El cómic y el automóvil: Tintín

Con motivo del "Festival de la Bande Dessinée" de Angoulême, Le Blog Auto publicó una serie de artículos sobre la relación del cómic y los automóviles. Desde Tintín, pasando por Michel Vaillant o por el manga. Como me han parecido muy interesantes, en principio he traducido el primer artículo, no descarto que lo haga con los seis restantes, pero como todo en esta vida, el tiempo manda.


EL CÓMIC Y EL AUTOMÓVIL: 1ª PARTE, TINTÍN.

El jueves comenzará el famoso "Festival de la Bande Dessinée" en Angoulême. Es la ocasión para Blog Auto de publicar a lo largo de toda la semana una serie de posts sobre el automóvil y la BD (cómic). Comencemos hoy por una de las series más conocidas en el cómic a nivel mundial, Tintín.

Si la obra de Hergé es famosa, no es precisamente por ser la primera en la que pensamos si nos interesan los automóviles. Sin embargo, vehículos de todo tipo, automóviles en concreto juegan en ella un papel determinante, superando ampliamente el ámbito del simple elemento decorativo. Consideremos en primer lugar el conjunto de los álbumes de la serie. En su obra "Dossier Tintin", Fréderic Soumois divide la serie en dos ciclos. El primer ciclo, llamado de aventuras, lo integran los primeros álbumes, desde "Tintín en el país de los soviets" hasta "Aterrizaje en la luna". En esos relatos, Tintín parte voluntariamente hacia la aventura. Es en esas aventuras donde encuentra los personajes que ,más tarde, serán importantes en la serie: los Dupond et Dupont (Hernández y Fernández) en "Los Cigarros del faraón", el general Alcázar en "La Oreja rota", la Castafiore en "El Cetro de Ottokar", el capitán Haddock en "El Cangrejo de las pinzas de oro" y Tornasol en "El Secreto del Unicornio". Dentro de ese ciclo se pueden distinguir tres álbumes que son los comienzos de Tintín: "Tintín en el país de los Soviets", "Tintín en el Congo" y "Tintín en América". En ellos Tintín se dedica únicamente a su trabajo como reportero y parte a la aventura para visitar un país desconocido. La visión de Hergé es a menudo caricaturesca, a veces criticable. El segundo ciclo, el ciclo doméstico, incluye todos los álbumes a partir de "El Asunto Tornasol". El comienzo de la aventura se desarrolla siempre en Moulinsart, donde los héroes únicamente quieren permanecer. ¡Aquí es donde aparece la famosa carnicería Sanzot!. Sólo una circunstancia que les afecta personalmente es lo que les obliga a abandonar su confort. Por supuesto, el papel de los automóviles evoluciona al compás de los álbumes.


En su libro "Tintin, Hergé et les autos" (Tintín, Hergé y los coches), Charles-Henri de Choiseul Praslin señala que con el coche, nace Tintín. En "Tintín en el país de los Soviets", el derrapaje al volante del Mercedes SK, que roba a la policía alemana, levanta su tupé, que mantendrá a lo largo de toda su vida y que será su principal signo físico idenficativo. En adelante, el automóvil tendrá una función principalmente narrativa.


Ya sea como simple accesorio decorativo o de transporte (el Ford T de Tintín en el Congo) ya sea en el inicio de un gag (el Triumph que arrastra su pesada caravana en La Isla Negra).


ya sea como un factor que repercute en el relato (como cuando Tintín es atropellado por el Packard Royale de Muskar IV, permitiendo el encuentro de ambos, en "El Cetro de Ottokar")


Es realmente a partir de "Las 7 bolas de cristal" donde el automóvil adquiere una dimensión más "interesante". En efecto, deriva en un verdadero reflejo de la sociedad. ¿Y quien es el iniciador de ese nuevo papel? ¡el capitán Haddock! El descubrimiento del tesoro en "El Tesoro de Rackham el rojo" convierte al capitán en un hombre rico. El nuevo dueño del castillo (Moulinsart le ha sido ofrecido por Tornasol) le induce a llevar una vida a la altura de su morada: trajes, monóculo, lenguaje cuidado... y por supuesto, coche de lujo, encarnado en un Lincoln Zephyr (con el cual tendrá la ocasión de experimentar las bondades de la capota plegable).


Una vida que no duda en abandonar cuando tiene que salir a la aventura tras el rastro de su amigo Tornasol. El fin del ciclo de aventuras acaba con una especie de oda al Jeep, coche sencillo, aventurero por excelencia. Lo encontramos conducido en pleno desierto por los Dupondt en "Tintín en el País del oro negro".



Esa escena es una consecución de gags: espejismos, pérdida de su ruta, tormenta de arena, se duermen al volante... A los dos policías les pasa de todo durante su travesía. En cuanto al Jeep de "Objetivo: la luna", su participación es más bien corta, pero para nada tranquila, conducido por un enfadado Tornasol, furioso por haber sido tratado de payaso por el capitán.


En el ciclo doméstico, los coches están menos presentes, pero su papel de reflejo de la sociedad no es menos importante. En esos álbumes, Hergé parece mas desengañado, denunciando la vanidad de los conflictos políticos y de la codicia humana. ¡Qué lejos está de la caricatura de "Tintín en el país de los Soviets"! A pesar de todo, la caricatura del despotismo está muy presente, pero mucho más ténue. Borduria es una farsa inspirada en el III Reich, en la que la parte más visible es un culto al líder llevado al absurdo: estatua gigante del dictador Amaih Plekszy-Gladz en la plaza central de Szohôd, la capital, a la que se saluda diciendo Amaih...


Pero lo más flagrante es la omnipresencia de la figura estilizada de los bigotes de Plekszy-Gladz, ¡presente en todos los coches que circulan por las calles de Szohôd! Este álbum señala igualmente el inicio de una nueva etapa en el tratamiento de los gags con automóvil: la caricatura del conductor. El ejemplo perfecto de ello es la famosa persecución de Arturo Benedetto Giovanni Giuseppe Pietro Archangelo Alfredo Cartoffoli dé Milano al volante de su Lancia.


Conduciendo como un loco y aficionado a la mecánica, él representa bastante bien la idea que se hacía el conductor francés de su homólogo italiano. Si existe la caricatura del conductor francés (o belga), hay que buscarla por parte de los Dupondt o de Serafín Latón (Séraphin Lampion). Dupond y Dupont son el ejemplo típico del conductor torpe, siempre dando frenazos ante Moulinsart ("El asunto Tornasol", "La Joyas de la Castafiore")


El 2CV les confiere una imagen popular. A pesar de que a Serafín Latón no se le ve jamás conduciendo, a menudo interviene como automovilista. Así, la primera vez que aparece, en "El Asunto Tornasol", se debe a que los cristales de su coche han sido destrozados por la diabólica máquina del profesor Tornasol. Representa la dimensión perturbadora que puede tener el automóvil. Pesado como él solo, incluso organiza la salida de un rally desde la casa del capitán Haddock, que no pide otra cosa que estar tranquilo.


Además del importante papel de los coches en Tintín, Hergé hace un verdadero alarde en su dibujo. Así, cuando el desarrollo de la acción lo permite, los coches de los buenos están siempre dibujados en el sentido de la lectura (hacia la derecha), mientras que los de los malos, o si un acontecimiento contrario a la acción se produce, son dibujados en sentido contrario a la lectura, con el fin de romper el curso de la misma. ¿Son estos elementos inconscientes los que nos hacen su lectura tan agradable?.


Texto original de Nicolas Meunier, aparecido en www.leblogauto.com el 21 de enero de 2008, bajo licencia Creative Commons.

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